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Estandarte de San Francisco

En el despliegue del cortejo procesional que cada tarde del Miércoles Santo realiza la hermandad de la Paz y Esperanza, destaca la presencia de algunos estandartes que si bien no cuentan con una relevancia desde un punto de vista artístico, sí que forman parte del patrimonio histórico más estimado de la hermandad, puesto que constituyen una manifestación inequívoca de la trayectoria de la corporación. Entre estos estandartes se localiza aquel que figura bajo la advocación de San Francisco y que es incorporado en la segunda estación de penitencia de la cofradía. De esta manera, sólo tenemos que recurrir a la denominación de la cofradía para advertir que ostenta el título de franciscana (concedido en 1977) en clara referencia a la vinculación entre la Orden Capuchina que regenta el Convento del Santo Ángel, sede canónica de la hermandad, y el conocido como “Pobre de Asís”.

El estandarte, de original perfil mixtilíneo, resulta airoso por el empleo de cordón de seda haciendo el efecto de la malla, que es combinada por fleco del mismo color con detalles en verde. En su interior cobija un fondo pictórico en el que se alberga la representación de la escena de San Francisco de Asís abrazando a Cristo Crucificado, iconografía cuya presencia se hace muy extendida en los cenobios de titularidad capuchina y que parece seguir los preceptos compositivos marcados por pintores del Siglo del Oro como Bartolomé Esteban Murillo o Francisco Ribalta. De este modo, el santo franciscano parece acercar su rostro, y de manera más concreta su boca, hacia la sangre que brota de una de las heridas de Cristo, que desclava de la cruz su brazo derecho para abrazar a San Francisco y acogerlo en su regazo. La escena de este abrazo místico revela, por tanto, la unión espiritual del santo respecto a Jesús, al que erige como centro fundamental de su vida tras la renuncia a la vida terrenal que realiza desde su juventud. Por otra parte, se nos indica la importante devoción que, desde la orden franciscana, se profesa a Jesucristo.

Fue restaurado por los talleres de Carmen Checa en 2002.

 

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