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Estandarte de la Purísima

Si nos remitimos al análisis del patrimonio procesional de la Hermandad de la Paz y Esperanza en época fundacional, debemos centrarnos de manera inexcusable en el conocido como Estandarte de la Inmaculada Concepción, puesto que nos encontramos ante uno de los guiones que figuró en la primera estación de penitencia de la corporación capuchina. De esta manera, según recogen las crónicas que describen, con avidez, este momento histórico para la hermandad, esta pieza se emplazó en este primitivo cortejo tras su Cruz de Guía, por lo que esta obra, indudablemente, en el contexto de esta corporación, es portadora de una destacada significación histórica.

La pieza guarda importantes similitudes, tanto estéticas como técnicas, respecto al “Estandarte de San Francisco”, encontrándose formulados dentro de los preceptos ideados por Martínez Cerrillo en el planteamiento del guion procesional. La principal diferencia que existe entre ambos estandartes reside, casi de forma exclusiva, en la iconografía que es representada en el fondo que albergan. Así, en este caso, nos encontramos ante la presencia de una representación mariana. Se trata de un busto de la Inmaculada Concepción que prosigue los planteamientos característicos en el desarrollo de esta vertiente iconográfica, concretamente en referencia a la obra del pintor Bartolomé Esteban Murillo. De este modo advertimos la presencia de la Virgen María que, vestida de túnica blanca y manto azul, dirige su dulce mirada hacia el lado contrario en el que sitúa sus manos orantes, en clara actitud de aceptación. Por otra parte, redundando en el componente inmaculadista apreciamos la existencia de diversos motivos florales alusivos a su Purísima Concepción.

Fue restaurado por los talleres de Carmen Checa en 2002.

 

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