Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada

El ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada constituye uno de los conjuntos patrimoniales más valiosos y representativos de nuestra Hermandad. Su formación es el resultado de décadas de encargos, donaciones y ofrendas realizadas por hermanos, cuadrillas, familias devotas y corporaciones vinculadas a la Reina de Capuchinos.

Coronas, mantos, sayas, tocas de sobremanto, puñales, rosarios y joyas permiten presentar a la Santísima Virgen de acuerdo con los distintos tiempos litúrgicos, cultos solemnes y celebraciones extraordinarias. Cada pieza posee una dimensión artística, pero también un profundo valor espiritual y sentimental, pues conserva la memoria de quienes han querido expresar su devoción mediante una ofrenda a la Santísima Virgen.

(4.4. María Santísima con lo mejor)

Coronas

Las coronas constituyen uno de los elementos más significativos del ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada. A través de ellas, la Hermandad proclama la realeza de la Santísima Virgen, como Madre de Cristo Rey, y por tanto Reina de cielos y tierra. Las distintas preseas conservadas permiten recorrer buena parte de la historia devocional y patrimonial de la Paloma de Capuchinos, desde sus primeras salidas hasta la Coronación Pontificia celebrada en 2022.

El conjunto de coronas conservado resume la evolución histórica de la propia Hermandad. La primera presea de metal sobredorado recuerda la sencillez de los orígenes; la corona de Manuel de los Ríos representa la consolidación devocional y la estampa procesional de varias generaciones; la corona de plata de 2013 refleja la renovación artística del paso; y la corona de Manuel Valera constituye el testimonio material y devocional de la coronación pontificia de 2022.

Todas ellas forman parte de un mismo patrimonio vivo. Cada corona conserva una etapa de la historia de la Reina de Capuchinos y expresa, con materiales y lenguajes artísticos diferentes, la fe de una Hermandad que continúa proclamando a María como Madre y Reina.

Corona de Lama

En marzo de 1941 indican las actas que la nueva corona dorada se estaba "construyendo", si bien en diciembre se indica en las actas que la imagen estrenará una corona en la Semana Santa de 1942, como así lo deja entrever (aunque no lo cita como estreno) el librito editado por la Cofradía en la Cuaresma de aquel año. Como nota curiosa hemos de indicar que el propio Consiliario Fray Juan Evangelista de Utrera, adelantó la cantidad de 1.000 pesetas para su entrega al orfebre. Su autor, Juan Gabriel Lama Cuesta (1913-1986) fue el fundador, en los años 40, de Orfebres Hnos. Lama C.B. Esta corona fue utilizada en los actos de culto más importantes y en las salidas procesionales hasta 1965 en que se estrenó la de Angulo, vendida posteriormente a la Hermandad de la Sentencia.

Se alza sobre un ancho aro o banda moldurado y modelado, que se decora con diversos elementos de inspiración vegetal y una cenefa de cordón. El canasto es calado. En el centro aparece un gran medallón circular ornado con pedrería, que se rodea de elementos vegetales que lo enlazan y que terminan en puntas. Está realizado este medallón con un fondo de plata en su color, lo que proporciona mayor realce al motivo. A ambos lados aparecen dos parejas de cabezas de querubines alados, también en plata en su color. Tiene la particularidad de no llevar imperiales.

Del aro inferior parte el resplandor, que se compone de grupos de rayos lisos de diferente tamaño en plata en su color alternados con otros motivos vegetales rematados en puntas, moldurados y terminados en estrellas de ocho puntas, que suman un total de 18 estrellas. Como dato curioso cabe señalar que originalmente tenía hasta 21 estrellas, si bien años más tarde la ráfaga fue reformada para que alcanzara un menor tamaño, quedándose finalmente con 18 estrellas. En el centro se dispone el antiguo escudo de la hermandad, formado por águila imperial y cruz que guarda un círculo central que contiene el ancla bordeada de ramas de olivo, como símbolo de paz, y una corona de espinas como signo de la Pasión de Cristo. Sobre este conjunto figuraba una corona imperial, seguramente en la creencia de que el Rey de Italia aceptaría el nombramiento propuesto y concedería a la Cofradía el título de "Imperial". De este escudo colgaba un ancla.

Más allá de su valor artístico, representa la sencillez y el esfuerzo de los orígenes. Contemplar a la Virgen con esta antigua presea permite recuperar una imagen muy diferente de la actual, pero profundamente ligada al nacimiento y consolidación de la devoción a la Paz y Esperanza.

(4.4.1. Corona de Lama)

Corona de Manuel de los Ríos

La Junta de Gobierno acuerda, animada por fray Ricardo, la realización de una corona para la Virgen en el año 1976. Su destino iba a ser la imposición con motivo del día de su onomástica, el 24 de enero del siguiente año. Para ello, la hermandad propone la recolección de objetos de plata, entre todos los cofrades. La respuesta fue muy generosa y se consiguieron un total de dos kilos de plata. La Cofradía adquiere además un kilo y medio de plata de ley más, que se entregan al orfebre para que realice su trabajo.

Finalmente fue impuesta el domingo 23 de enero de 1977, tras la culminación del Triduo, por el Guardián del convento fray Santiago Díez Valladares acompañado de fray Ricardo, con la autorización del señor Obispo de la diócesis monseñor José María Cirarda Lachiondo. La pieza vino a sustituir a la de Angulo para las salidas procesionales y actos de culto más importantes.

Está formada por un ancho aro ornado con perlas sobre el que se superpone un collar de cristal de roca. El canasto es alto y calado, donde se alternan elementos inspirados en las rocallas de finales del siglo XVIII rodeadas de profusa ornamentación, entrelazada y alternada con cabezas de querubes alados de marfil, que terminan en puntas. Del canasto parten los brazos del imperial, inspirados en el mundo barroco. De la unión de las imperiales pende una paloma de plata, símbolo de la advocación de la imagen. La ráfaga lleva una diadema calada con cabezas de querubines alados de marfil y un medallón circular dorado en el centro con pedrería en cuyo centro se sitúa el primitivo escudo de la Hermandad, todo ello envuelto en recursos de inspiración vegetal entrecruzados. Una cenefa de pedrería engastada sirve de apoyo a grupos de rayos lisos de diferente tamaño alternados con otros vegetales, todos ellos terminados en estrellas de ocho puntas, un total de dieciséis. El remate central está formado por una cruz latina con topacios de líneas rectas sobre la bola del mundo en tono ocre.

Esta corona ha quedado profundamente vinculada a la memoria colectiva de la Hermandad. Con ella procesionó la Virgen durante una parte fundamental de su historia reciente y quedó fijada en fotografías, estampas y recuerdos de numerosas generaciones de hermanos y cofrades. Por ello, aun después de la incorporación de nuevas preseas, continúa siendo una de las obras más representativas y afectivamente más valiosas del ajuar mariano.

La corona de Manuel de los Ríos sigue utilizándose en determinados cultos y cambios de vestimenta. Su permanencia dentro del ajuar permite recuperar la estampa clásica de la Reina de Capuchinos y mantener vivo el recuerdo del proceso de engrandecimiento patrimonial desarrollado por la Hermandad durante la década de 1970.

(4.4.1. Corona de Manuel de los Ríos)

Corona de plata

El ajuar se enriqueció en 2013 con una nueva corona de plata diseñada por Jesús de Julián y ejecutada por Emilio León y donada por N.H.D. Manuel Fernández Poyatos. La presea fue concebida para armonizar con la estética argéntea del manto procesional y del nuevo palio estrenado el año anterior. Fue bendecida en el transcurso de la Función Principal del día 27 de enero de 2013 e impuesta en la imagen por el consiliario Fray Antonio Lafuente.

Se alza sobre un estético aro moldurado y ornado con pedrería. Sobre él, se levanta un canasto calado. En el centro aparece el escudo de la cofradía sobre un cortinaje y diversos elementos decorativos que terminan en puntas. De aquí parten cuatro imperiales, que se enroscan hasta culminar en una paloma, símbolo del Espíritu Santo, con las alas desplegadas y rodeada de rayos lisos, que sirve de remate. De la unión de las imperiales pende un ancla, símbolo de la segunda advocación de la imagen. A su alrededor, una artística ráfaga compuesta por grupos de rayos de diferente tamaño que se introducen de forma original hacia el interior, unidos mediante una franja ornamental. Se alternan jarrones de azucenas con medallones donde aparecen relieves de franjas y que se rematan en estéticos jarrones de los que parten estrellas de ocho puntas con pedrería central.

En el centro de la aureola hay un gran óvalo con la escena de la Coronación de la Virgen en su interior, escoltada por dos ángeles mancebos. Se corona con la bola del mundo y una cruz de brazos muy moldurados, adornados con elementos calados y pedrería. Lleva cuadrón mar- cado con rayos.

La incorporación de esta corona no supuso la pérdida de la histórica presea de Manuel de los Ríos, sino una ampliación de las posibilidades del ajuar. Ambas obras convivieron en los años previos a la coronación pontificia y fueron utilizadas en salidas procesionales, cultos, besamanos y celebraciones extraordinarias, según la vestimenta escogida y el carácter de cada acto.

(4.4.1. Corona de plata)

Corona de la Coronación Pontificia

La pieza principal del ajuar actual es la corona realizada por el orfebre cordobés Manuel Valera para la coronación pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza. Fue impuesta en nombre del papa Francisco por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, el 15 de octubre de 2022, durante la solemne ceremonia celebrada en la Santa Iglesia Catedral.

La presea fue ejecutada en oro, oro blanco y cristal de roca, gran parte de estos materiales donados por hermanos y devotos. Su realización representa materialmente la participación colectiva de quienes quisieron contribuir a la coronación de la Reina de Capuchinos.

Su diseño combina la tradición barroca con una interpretación contemporánea. El canasto se articula mediante ángeles, flores y guirnaldas que rodean la cabeza de la Santísima Virgen. El resplandor incorpora ramas de olivo realizadas en oro blanco, en alusión directa a la advocación de la Paz, mientras que el ancla representa la Esperanza cristiana.

La iconografía se completa con la figura de san Rafael, Custodio de Córdoba, y con la paloma del Espíritu Santo. El cristal de roca aporta transparencia y luminosidad, además de simbolizar la pureza de María. La ráfaga culmina con estrellas y una cruz sobre el orbe, proclamando visualmente la realeza de la Madre de Dios sobre la creación.

Desde la coronación pontificia, esta presea se ha convertido en la corona principal de la Santísima Virgen y en el signo visible del reconocimiento concedido por la Iglesia a la arraigada devoción que Córdoba profesa a María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada.

(4.4.1. Corona de Coronación)

Otras preseas y diademas

El ajuar se completa con la corona de metal plateado realizada en 1990 por Kiernan, donada por dos familias devotas con motivo del cincuentenario fundacional de la Hermandad, así como distintas diademas, aros de estrellas y piezas de menor formato empleadas durante el año. Estas obras permiten presentar a la Virgen de manera más sencilla en determinados tiempos litúrgicos, especialmente durante el Adviento, la Cuaresma o el mes de noviembre.

Entre las incorporaciones más destacadas figura la diadema diseñada y realizada por N.H.D. Jesús de Julián con motivo de la coronación pontificia. Ejecutada mediante la combinación de plata en su color y plata dorada, con incrustación de esmeraldas, incorpora referencias a la evangelización, la caridad, la paz, la esperanza y la realeza de María. La Virgen la lució durante su traslado desde Capuchinos hasta la Catedral el 8 de octubre de 2022, una semana antes de ser coronada.

(4.4.1. Otras perseas y diademas)

La media luna

Otro de los hitos que marcan el ajuar de coronación de María Santísima de la Paz y Esperanza es la media luna en plata cuya donación partió de su cuadrilla de hermanos costaleros. Bajo el magistral diseño de Curro Claros, Jesús de Julián fue el encargado de ejecutar esta pieza de gran valor plástico e iconográfico. Recordemos que la media luna constituye un atributo esencial en el lenguaje alegórico referido a María en su Inmaculada Concepción: “Una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza…”, como recoge San Juan en su visión del Apocalipsis. Por tanto, esta media luna es símbolo de lo femenino, de lo opuesto y complementario al sol, de la gracia y de la virginidad.

La línea estética de esta pieza está planteada en conjunción con el propio de la corona, como se advierte en el bicromismo del oro y la plata o en el empleo de cristal como material de ejecución de las estrellas. Buena parte de su creatividad reside en el contraste de las diversas texturas que es aportado por los ángeles corpóreos, los lazos y el calado de algunas de sus zonas. La pieza aparece centrada por una cartela coronada que ostenta la inscripción “Pax Nostra”, flanqueada por ángeles tenantes con motivos de guirnaldas florales que recorren la totalidad de la composición.

Mantos

Los mantos de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada forman uno de los conjuntos más destacados de su ajuar. A través de estas piezas puede recorrerse una parte fundamental de la evolución artística y devocional de la Hermandad, pues en ellas conviven obras históricas, mantos destinados a los cultos internos y realizaciones contemporáneas concebidas para acontecimientos de especial trascendencia.

La variedad de tejidos, colores y técnicas permite presentar a la Santísima Virgen de acuerdo con cada tiempo litúrgico y con el carácter de las diferentes celebraciones; si bien predominan las tonalidades blancas y verdes, alusivas a sus dos advocaciones. Junto a los mantos procesionales, de grandes dimensiones y especialmente concebidos para ser contemplados sobre el paso de palio, la Hermandad conserva mantos de menores dimensiones utilizados en triduos, besamanos, rosarios, festividades y los distintos cambios de vestimenta que luce en su camarín.

Los mantos de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada no deben entenderse como piezas aisladas, sino como partes de un patrimonio vivo que continúa utilizándose en el culto. Cada uno permite recuperar una estampa, expresar un significado litúrgico y recordar una etapa concreta de la historia de la Hermandad.

Junto a obras bordadas, la Santísima Virgen dispone de mantos lisos en colores como el azul, el verde o el blanco. Cada tonalidad se relaciona con un tiempo litúrgico o una simbología concreta: el azul la condición inmaculada de María; el verde expresa la esperanza y el blanco a la paz y la pureza.

Todos ellos son expresión de la devoción de los hermanos y del permanente deseo de presentar a María Santísima con la dignidad que corresponde a quien Córdoba venera como Reina, Paloma de Capuchinos, Paz y Esperanza.

Manto Procesional

El actual manto de salida de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada fue diseñado por el insigne capuchino fray Ricardo de Córdoba, siendo ejecutado por el Taller de Bordados Salteras. Fue estrenado ante los hermanos y devotos durante el besamanos del Viernes de Dolores de 2009, pasando posteriormente a formar parte de la configuración procesional de la Santísima Virgen.

En junio de 2006 pasa a regir los destinos de la cofradía don Manuel Quirós del Pino. Esta etapa se va a caracterizar por una importante renovación de distintos elementos patrimoniales de la hermandad. Una vez concluido casi en su totalidad el impresionante paso de misterio del Señor de la Humildad y Paciencia, era hora de acometer uno de los proyectos de mayor envergadura que se han realizado en esta corporación, la sustitución de los bordados del paso de palio. La comisión artística creada al efecto estableció un orden de prioridades y consideró que los elementos que había que sustituir en primer lugar eran el manto y saya, debido a su considerable deterioro y por ser las prendas visten a la Santísima Virgen y por tanto las más importantes. Otra de las cuestiones fue el tipo de bordado por el que se iba a optar y el tejido. Desde el primer momento se pretendió conservar el sello y la impronta de la Virgen en la calle, por lo que se decidió que el hilo fuera de plata y el soporte en tono crudo, como el anterior.

El manto procesional de la Santísima Virgen posee una forma un tanto inusual, con un estrechamiento en la parte inferior, debido a la característica forma ochavada de su paso de palio, como vemos también en el anterior de aplicación o el característico y popular de "la ensaladilla" (hoy en Lucena). Su diseño, que combina la simetría y la asimetría, es considerada por muchos como la obra cumbre de fray Ricardo; responde claramente a influencias decimonónicas, aunque con lógicas reminiscencias barrocas. Las palomas del anterior de Joaquín Ojeda ya no están presentes y los motivos que podemos observar en la totalidad de la pieza son estrictamente vegetales.

El diseño se compone en primer lugar de tres grecas perimetrales, de diferentes dimensiones y motivos; la más exterior hace las veces de suntuoso encaje que remata el manto de una forma sumamente original, ya que el bordado va sobre sobre malla de oro y perfilado en hojilla. La segunda greca, del más puro estilo del fraile capuchino, está formada por roleos simétricos enfrentados y encadenados de los que surgen flores. La última ofrece un mayor desarrollo y se compone de valientes roleos, ramas de olivo y exuberantes cuernos de la abundancia que contienen perlas y cristales de swarovski salpicados de forma armónica. La parte central del manto está compuesto por una masa de roleos de forma circular y otros motivos vegetales, que enmarcan una dalia de grandes dimensiones. De aquí surge la raspa central, que va disminuyendo en anchura hacia arriba, y otras raspas de menor desarrollo y de composición simétrica. Finalmente podemos observar cómo se ha simulado una toca sobremanto cuyo motivo central es un jarrón con ramas de olivo y aceitunas que alude a la primera advocación de la Titular, detalle igualmente muy característico del autor. Los bordados están realizados con un gran número de tipos de puntada, algunas antiguas que estaban en desuso, entre las que destacan el zetillo, muestra, muestra armada, canutillo, cartulina, hojilla, etc. Lo que otorga a la pieza de una gran riqueza y contrastes por su cantidad de matices.

(4.4.2. Manto procesional)

Manto de la Coronación

El denominado manto de la coronación fue concebido con motivo de la coronación pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza. Su diseño fue presentado en marzo de 2019 y corresponde a N.H.D. Rafael Jódar, quien asumió igualmente su ejecución. La obra fue ofrendada por don Manuel Fernández Poyatos, hermano de la corporación, como testimonio de la devoción de su familia a la Santísima Virgen.

Se trata de un manto destinado principalmente a cultos solemnes, besamanos y celebraciones como el aniversario de su coronación. Aunque su proyecto está estrechamente vinculado a la Coronación Pontificia celebrada en octubre de 2022, la pieza concluida fue presentada y bendecida en la iglesia conventual del Santo Ángel en enero de 2023.

La ornamentación está realizada en oro y plata fina y se organiza alrededor de una filacteria que recorre todo el perímetro del manto. Esta cinta se entrelaza con ramas de olivo y rosas sin espinas, creando una composición continua que une las distintas partes de la obra.

Las ramas de olivo hacen referencia directa a la advocación de la Paz. Las rosas sin espinas evocan la pureza de María y recuerdan, además, el milagro franciscano de la Porciúncula, estableciendo una conexión con el carisma de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos y con la identidad y espiritualidad franciscana de la Hermandad.

Las azucenas, presentes en diferentes zonas de la composición, simbolizan la pureza de la Santísima Virgen y remiten a las invocaciones marianas de la letanía. El repertorio vegetal no cumple únicamente una función ornamental, sino que construye un discurso simbólico alrededor de María como Reina de la Paz, modelo de pureza y Madre de la Iglesia.

En las vistas se reservan sendas cartelas para las armas del papa Francisco y el escudo de monseñor Demetrio Fernández, bajo cuyos respectivos pontificados tuvo lugar la coronación. La parte posterior está presidida por el escudo de Córdoba, en referencia al lema elegido para la efeméride: «Córdoba, corona de la Paz».

La trasera se completa con ramilletes de olivo unidos mediante lazos y distribuidos armónicamente sobre el tejido. De esta forma, la pieza reúne referencias a la advocación de la Virgen, a la espiritualidad franciscana, a la Iglesia y a la ciudad que manifestó públicamente su devoción durante la coronación pontificia.

El manto de la Coronación posee, por tanto, un profundo carácter conmemorativo. No se limita a recordar una fecha concreta, sino que conserva en sus bordados la memoria de la Iglesia, la ciudad, los hermanos y los devotos que participaron en uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la Hermandad.

(4.4.2. Manto de Coronación)

Manto de las estrellas

El manto de las estrellas constituye una de las piezas más personales y reconocibles del ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada. Fue ejecutado por el bordador cordobés Rafael Jódar, hermano de la cofradía, bajo su diseño y el de Jesús de Julián, y estrenado durante el besamanos del Viernes de Dolores de 2010.

El manto de las estrellas, como popularmente se le conoce en la hermandad, se realizó en memoria de aquel que estrenó la Virgen en 1946 y del que únicamente quedan como testigo seis estrellas de las muchas que se encontraban prendidas en él. En el acta del 21 de agosto de 1943 queda recogida la constitución de una Comisión "para la recaudación y toma de datos del manto de los caídos" cuyo presidente era don Juan Herrera Castro, y estaba compuesta por los ayudantes don Emilio Caballano López, don Andrés Bojollo Arjona, don Aurelio Marín Tobaruela y don Manuel Álvarez Casas. En el acta del 23 de marzo de 1945, el Hermano Mayor da cuenta de que se han recibido 110 estrellas que habían sido confeccionadas para el manto con el nombre de los caídos por la Patria, cuyo listado se conserva. El dinero para dicho fin fue recaudado según las actas en distintas poblaciones llegándose a recaudar hasta 4.500 pesetas que por diversas razones fueron destinadas a cubrir necesidades más urgentes. La impaciencia de los donantes de las estrellas se hizo notar y el Hermano Mayor don Antonio Caballo decidió acometer por fin el proyecto. El 21 de noviembre de 1945 se hace constar en acta que en el mes de mayo de ese mismo año Dña. Estrella Manso de Alonso donó dos mantones de Manila para ser rifados y así obtener dinero para la financiación del manto, obteniéndose 2.490 pesetas. Con esa cantidad más 825 pesetas aportadas por la Junta se encargó finalmente la realización del manto, que si bien en un principio iba a ser de salida, se tuvo que quedar en un manto de camarín que sería usado para cultos y para el traslado a la Merced, aunque se dejó la puerta abierta a una futura ampliación que nunca tuvo lugar. De nuevo en un acta de mayo de 1949 encontramos referencias al manto, informando de una reforma en la que se le retira un escudo que al parecer tenía (lógicamente en la parte trasera) para realizar un estandarte estrenado en la salida de aquel año.

El manto actual se realizó en recuerdo del antiguo, del que se conservaban seis estrellas. En esta ocasión, aunque la pieza es igualmente de camarín, las estrellas son un complemento a la greca perimetral, emulando de esta manera a los diseños que tanto éxito tuvieron desde finales del siglo XVIII y el XIX. Se compone de una ancha greca de roleos en distintas direcciones, algunos acabados en flor, realizados con una rica variedad de puntadas. La parte trasera se completa con una raspa central de escaso desarrollo e idénticos motivos. En el centro de la citada raspa se alojan las seis estrellas del primitivo manto que se conservan. En cada estrella, de seis puntas por ser de alférez provisional, se encuentra el nombre bordado en seda negra del fallecido, en este caso con los nombres de Pedro Sendra Pastor, Rafael Bonanato, Santiago Pérez, Ángel Caracuel, Francisco del Toro Costa y Pedro Serrano Mora. El resto del espacio se encuentra tachonado por treinta y nueve estrellas, igualmente de seis puntas pero de mayor tamaño con una circonita en el centro, en recuerdo del año de bendición de la Titular.

La conservación de las estrellas del antiguo manto convierte la obra en un puente entre distintas generaciones. Sobre un soporte y una composición contemporáneos permanecen piezas que acompañaron a la Santísima Virgen durante varios años, preservándose así una parte material de su historia.

El manto se utiliza principalmente en cultos internos y festividades marianas. Ha sido elegido en numerosas ocasiones para el triduo, la función solemne y la festividad de Nuestra Señora de la Paz, rosarios y besamanos.

(4.4.2. Manto de las Estrellas)

Manto de tisú verde manzana

Este manto fue donado en 2007 por el que fuera, en su segunda etapa, Hermano Mayor entre 2006 y 2014 Manuel Quirós del Pino. En esta época la hermandad comienza a trabajar por enriquecer de forma notable con este tipo de piezas la calidad artística del ajuar de bordados de la Santísima Virgen. Principalmente el uso de esta pieza se restringe a los cultos internos, besamanos y al Rosario. Los bordados, realizados en su mayoría con la técnica de cartulina, proceden de una casulla y capa pluvial del siglo XIX que fueron adquiridas en un anticuario sevillano. Asimismo fue enriquecido con otras piezas de nueva factura realizadas por Francisco Mira. La decoración se encuentra en las vistas, enmarcada por una cenefa que intercala hojas y puntos. Se distribuye de manera ascendente una rica decoración vegetal, que intercala hojas y flores, un trabajo de pequeñas piezas bordadas en oro que terminan en pequeños caracoles, todo ello sobre color verde manzana, color símbolo de la Esperanza, que junto al blanco definen a la Cofradía. Un fino encaje de punta española realizado en hojilla de oro bordea toda la pieza.

(4.4.2. Manto tisu verde manzana)

Antiguo manto de salida

El diseño del antiguo manto de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza sigue el estilo del palio concluido en 1986, al igual que este conjunto, fue el bordador Joaquín Ojeda el encargado de llevar a cabo el bordado de la pieza siguiendo un dibujo de fray Ricardo de Córdoba.

El manto, estrenado en la Semana Santa de 1989, fue bordado en aplicación de tisú de plata sobre tisú de oro con un diseño donde predomina la ornamentación vegetal. El diseño arranca con una gran raspa central sobre el que parten roleos, creándose en el eje principal las mismas cartelas bordeadas de pasacitantas de terciopelo verde que figuran en el palio y donde en esta ocasión figura la corona real sobre una nube en la superior y más abajo el anagrama de María.

Esta zona central está flanqueada por otras dos tiras ornamentales, utilizando los espacios libres entre ambas para ubicar varios ramos de olivo cogidos por un lazo, en alusión directa a la simbología de la Paz que cobra aún más fuerza al situar en la zona superior del manto, al igual que en el palio, un conjunto de palomas que sustituyen el olivo de su pico por filacterias donde se lee en sedas color rojo una interpretación del Magníficat: "Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu palpita de gozo en Dios, mi salvador; porque se ha fijado en la belleza de su es- clava. Por eso ahora me proclamaran dichosa todas las generaciones, pues el omnipotente ha hecho en mí maravillas: su nombre es santo, cuya misericordia pasa de generación en generación. Ha desplegado la fuerza de su brazo y ha disipado a los que se enorgullecen con los proyectos de su corazón, a los poderosos ha derribado de su trono y a los pequeños los ha ensalzado, a los hambrientos ha colmado de bienes y a los ricos los ha despreciado sin nada. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose para siempre de la misericordia que prometió a nuestros padres Abrahán y su descendencia".

En lo que respecta al borde del manto se repite el dibujo ornamental con los característicos diseños de fray Ricardo constituidos a bases de jarras y profusa ornamentación dotando a la obra de gran preciosismo, una ornamentación que en la parte delantera deja dos cartelas, una a cada lado de la imagen, donde se ubica una rama de olivo, alusión a la Paz y un áncora alusión a la Esperanza, quedando así representada la advocación de la Virgen.

La imagen iba a realizar su última Estación de Penitencia con este conjunto en 2008, si bien fue frustrada por la lluvia. La incorporación del manto actual en 2009 y, posteriormente, del nuevo palio de 2012 inició una nueva etapa estética, aunque el antiguo manto continuó conservándose como una pieza esencial del patrimonio de la Hermandad.

En la Semana Santa de 2021, marcada por la imposibilidad de realizar las estaciones de penitencia con normalidad, la Hermandad recuperó esta histórica estampa para la exposición de los Sagrados Titulares. María Santísima de la Paz y Esperanza volvió a presentarse con el palio de las palomas y su anterior manto procesional, ofreciendo un homenaje a la historia reciente de la corporación.

El antiguo manto de salida conserva un importante valor histórico y sentimental. Más allá de haber sido sustituido en el uso procesional ordinario, continúa representando una época en la que se consolidaron muchos de los rasgos que todavía identifican a la Reina de Capuchinos.

(4.4.2. Manto antiguo de salida)

Sayas

Las sayas constituyen uno de los apartados más ricos y variados del ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada. Estas prendas cubren el candelero de la imagen y determinan buena parte de su presentación, estableciendo la relación visual entre el corpiño, las mangas, la cinturilla, el tocado, las joyas y el manto.

La Hermandad conserva sayas de distintas épocas, estilos, materiales y procedencias. Algunas fueron concebidas expresamente para la salida procesional; otras están vinculadas a aniversarios y acontecimientos extraordinarios; y varias proceden de donaciones personales, reutilización de bordados antiguos o intervenciones realizadas sobre piezas históricas. Todas ellas permiten adaptar la vestimenta de la Santísima Virgen al carácter de los cultos y a los diferentes tiempos litúrgicos.

Saya de salida

La actual saya de salida fue ejecutada por el Taller de Bordados Salteras en 2009 siguiendo un diseño de Rafael Jódar y Jesús de Julián. Está bordada en hilos de plata sobre un soporte de lamé de tonalidad cruda y fue concebida para formar un conjunto unitario con el actual manto procesional de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada.

Estamos ante una pieza llena de finura y elegancia que fue donada por la familia Quirós-Artacho. En la parte inferior podemos observar las dos cenefas que posee el manto en su parte más exterior, una de ellas incluso con idéntica malla de oro. De ahí nacen una serie de tallos, roleos, las características ramas de olivo realizadas en cartulina y hojilla (hilo plano de plata) y otros motivos vegetales entre las que destaca una dalia en la parte central, de la misma forma que lo hace en el manto.

Distintos detalles enriquecen la pieza, como el hilo de hojilla, cristal de swarovski o las porras de lentejuelas, que aportan gran luminosidad y efectismo. En las mangas podemos observar igualmente motivos vegetales y porras de lentejuelas y se rematan por un cordón tejido en hilo de plata. La cinturilla destaca también por su originalidad, ya que los bordados se superponen sobre malla de oro. La parte superior se perfila en hojilla de plata y en la inferior destaca una pieza, también de hojilla, en la que se inserta un cristal. Los bordados, de gran realce, destacan por estar realizados con una gran variedad de hilos como las muestras, los granitos, los torzales, las camarañas, etc. Así como por haber utilizado numerosos tipos de puntadas.

Esta pieza constituye la saya procesional propiamente integrada en el terno actual. La Hermandad continúa empleándola en salidas y celebraciones de especial solemnidad, combinada con el manto procesional y otras piezas destacadas del ajuar.

Saya de las palomas

Una de las obras más reconocibles del ajuar contemporáneo es la conocida como saya de las Palomas. Fue diseñada por Rafael de Rueda y ejecutada por el taller astigitano de Jesús Rosado, siendo donada por la cuadrilla de hermanos costaleros del paso de palio. Se estrenó durante el Miércoles Santo de 2018.

La composición responde a una interpretación del barroco de inspiración juanmanuelina. Está realizada mediante una combinación de bordados en oro y plata, enriquecidos con sedas de tonalidad buganvilla. Este color recuerda las flores que tradicionalmente llenan los balcones y rincones del entorno de la plaza de Capuchinos.

El dibujo se articula mediante roleos, hojarascas y cartelas y destaca la aparición de ocho palomas. Estas aves simbolizan la advocación de la Paz y recuperan uno de los signos más vinculados a la historia de la Virgen, conocida popularmente como la Paloma de Capuchinos. Así mismo se observan un ancla y una rama de olivo así como las leyendas PAX y SPES.

En su ejecución se utilizaron diferentes técnicas tradicionales, entre ellas la hojilla y el milanés. La combinación de materiales y procedimientos aporta volumen a la composición y crea una alternancia de reflejos dorados, plateados y de color.

La saya posee además una especial relevancia histórica, pues fue la elegida para la coronación pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza, celebrada el 15 de octubre de 2022 en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. En aquella jornada se combinó con el manto procesional bordado en plata y con la nueva corona de oro realizada por Manuel Valera.

Desde su estreno, la saya de las palomas ha sido utilizada en la Estación de Penitencia, en besamanos y en otros cultos solemnes. Su iconografía permite recuperar la imagen más tradicional de la Virgen y mantener vivo uno de los símbolos históricos de la corporación.

Saya de la Coronación

El ajuar cuenta también con una saya diseñada y ejecutada por Rafael Jódar con motivo de la coronación pontificia, a juego con el manto. La iniciativa partió de un grupo de devotos de la Virgen, que quiso ofrecer a la Virgen una nueva obra bordada como recuerdo permanente de este acontecimiento.

La pieza está formada por la falda, el corpiño y las mangas. Su decoración está ejecutada principalmente en plata fina, con algunas piezas en oro, y responde a una composición simétrica, aunque incorpora pequeños matices asimétricos que aportan naturalidad y movimiento.

En el perímetro inferior aparece una filacteria bordada en oro, entrelazada con ramas de olivo y rosas. Desde un lazo central se desarrolla una ornamentación de hojarasca, flores y nuevos ramos de olivo. Las azucenas situadas en la zona central representan la pureza de María, mientras que el olivo vuelve a señalar su condición de Reina de la Paz.

El corpiño incorpora una representación del Cordero de Dios sobre el Libro de los Siete Sellos. Este motivo relaciona la expectación del nacimiento de Cristo con su sacrificio redentor, uniendo la maternidad de María con el dolor que contempla durante la Pasión.

Saya torera

La conocida como saya torera constituye una de las piezas de mayor interés sentimental y singularidad del ajuar. Fue realizada a partir de los bordados de un traje de luces grana y plata perteneciente al banderillero cordobés Rafael de la Rosa, hermano de la Hermandad y miembro de la cuadrilla del matador de toros Finito de Córdoba.

Rafael de la Rosa vistió este terno durante las temporadas taurinas de 2007 y 2008, actuando con él en plazas de especial relevancia, como la Real Maestranza de Sevilla, La Malagueta de Málaga, la Monumental de Barcelona y Los Califas de Córdoba.

El traje fue donado a María Santísima de la Paz y Esperanza el 25 de enero de 2009, coincidiendo con los cultos celebrados en honor de la Santísima Virgen. La ofrenda nació de la devoción personal del banderillero, vinculado desde su infancia a la Hermandad y a la Reina de Capuchinos.

Los bordados fueron trasladados y adaptados por el Taller de Bordados Salteras en 2010. Para transformar el traje de luces en saya fue necesario desmontar y redistribuir sus motivos ornamentales, ajustándolos a la forma de la nueva prenda y conservando el carácter simétrico propio de la indumentaria taurina.

El fondo grana y los bordados en plata proporcionan a la pieza una apariencia especialmente personal. El grana recuerda el color original del traje de luces y aporta intensidad a la vestimenta, mientras que la plata permite armonizarla con las coronas, diademas y demás piezas argénteas del ajuar.

La conversión de una indumentaria taurina en una prenda destinada al culto mariano posee un profundo significado. Los bordados que acompañaron al banderillero durante jornadas de esfuerzo, responsabilidad y emoción pasaron a formar parte del ajuar de la Virgen como ofrenda de agradecimiento y testimonio público de fe.

La saya torera constituye así un vínculo entre dos ámbitos profundamente relacionados con la identidad cultural cordobesa: la devoción mariana y la tradición taurina. Su valor no reside únicamente en la calidad de sus bordados, sino también en la historia personal y espiritual que contiene.

Otras sayas históricas

El ajuar se completa con otras piezas de especial relevancia, entre ellas una saya blanca bordada en sedas y oro fino. Su origen se encuentra en una obra de raso blanco bordada en sedas verdes por Sor Margarita del Buen Pastor en 1978, bajo diseño de fray Ricardo de Córdoba.

Debido a su deficiente estado de conservación, Rafael Jódar intervino la pieza en 2008, reorganizando el dibujo, incorporando nuevos bordados antiguos en oro fino y trasladándola a un soporte de lamé de oro de tonalidad crema. Se distingue por ser una de las pocas sayas del ajuar que presenta ornamentación bordada también en el corpiño.

También se conserva una saya bordada en oro fino a realce a base de bordados antiguos según diseño de fray Ricardo de Córdoba, autor también del óvalo pintado con la iconografía de la Inmaculada, nombre por el que se conoce a la pieza. Fue realizada en 1977 sobre terciopelo verde botella y donada por el propio fray Ricardo y Manuel Quirós. En 1999 Antonio Villar acometió su restauración y el pasado de los bordados a un nuevo soporte de tisú de plata.

A estas obras se unen otras sayas bordadas en aplicación sobre diferentes tonalidades, la mayoría de los años ochenta y noventa, así como otras dos de brocado, una de ellas del siglo XIX. Su alternancia permite adecuar la presentación de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada en sus diferentes cultos y tiempos litúrgicos.

En conjunto, las sayas forman un patrimonio textil vivo en el que se unen la tradición bordadora, la historia de la Hermandad y la devoción de sus hermanos. Desde las piezas más antiguas hasta las más recientes, realizadas para la coronación pontificia, cada una conserva una época, una ofrenda y una manera particular de proclamar a María Santísima como Paz y Esperanza de sus devotos.

(4.4.3. Sayas)

Tocas de sobremanto

Durante los últimos años el enriquecimiento del ajuar de la Santísima Virgen ha sido notable en cuanto al incremento de piezas bordadas. El bordador Rafael Jódar realizó en 2008 una toca de sobremanto, la primera que tuvo la imagen bordada en oro fino y sedas, que fue donada por los costaleros de la Virgen. La función que desempeña esta pieza en el ajuar de la Santísima Virgen es la de situarse sobre el manto, simbolizando la virginidad de María. Aunque no es un elemento que sea obligatorio en la vestimenta de la imagen, suele utilizarse en multitud de ocasiones; principalmente en los cultos internos, besamanos y el Rosario matinal, haciendo juego con el manto llamado de las estrellas, realizado por el mismo bordador. En el centro de la misma se encuentra un gran jarrón con asas del que crecen cinco azucenas con las que el diseñador ha querido representar los cinco misterios del Rosario, con los tallos bordados en oro y las flores en hilo de plata y sedas. Completan el jarrón diversos tallos cerrados y semicerrados y hojas en cartulina. A los lados del jarrón una serie de hojas se intercalan de manera ascendente y parten de un galón bordado en oro que perfila el interior de la toca. En la cenefa de la misma una decoración a base de hojas y tallos.

La Hermandad conserva asimismo la conocida como la toca de las margaritas, una antigua pieza estrechamente vinculada a las vestimentas tradicionales de la Virgen y utilizada en distintas ocasiones.

En 2024 se incorporó una nueva toca de sobremanto de tul bordada en hojilla de oro, realizada por Teodoro Carmona Torres y ofrendada por un grupo de hermanos y devotos con motivo del 85 aniversario de la bendición de la Santísima Virgen. Su diseño se inspira en las flores de los patios cordobeses y presenta, en la parte central, una jarra con flores y ramas de olivo. La pieza combina hojilla lisa, rizada y troquelada, junto con lentejuelas, cristales, casquillas y canutillos. Una cenefa de roleos y motivos florales recorre su perímetro, rematado mediante un encaje de bolillo de punta de España realizado a mano en hilo de oro.

Junto con estas obras bordadas, el ajuar incluye mantillas, encajes antiguos, tules, blondas y ricos tejidos de distintas procedencias que son empleados como tocados que enmarcan el sagrado rostro de nuestra Titular, así como un gran número de pañuelos de gran antigüedad. Su disposición permite adaptar el aspecto de la imagen al carácter de cada culto, desde las presentaciones más sobrias hasta las de mayor solemnidad.

(4.4.4. Toca de sobremanto)

Fajines

El uso del fajín en las imágenes marianas es un elemento por un lado decorativo, al utilizarse como un complemento del atavío de las mismas, y también simbólico, al ser una distinción militar que es impuesta a la imagen con todos los honores.

Por todos es sabido que desde su misma fundación la hermandad va a mantener una estrecha relación con los militares. Aunque la tradición sostenía que la corporación fue fundada por excombatientes, recientes investigaciones y testimonios de algunos fundadores que quedan con vida afirman que los fundadores, por su corta edad, no lo eran, si bien algunos de sus progenitores eran altos cargos del Ejército o mantenían contacto con aquellos. Esta situación, así como el propio título de la cofradía y el tiempo en el que fue fundada explica estos lazos de unión. De hecho uno de los primeros nombramientos fue el del Ministro del Ejército, en aquel tiempo el General José Enrique Varela Iglesias, como Hermano Mayor de Honor; cargo que van ostentando los señores ministros, en la actualidad de Defensa. Como consecuencia, la presencia del Ejército, tanto en los cultos como en la procesión, que era representado por el Gobernador Militar de Córdoba, va a ser palpable. Precisamente es en los cultos cuaresmales de 1942 cuando el General Varela impone su fajín a la Santísima Virgen. Aunque la imagen suele lucir el fajín habitualmente, no es hasta marzo de 1967 cuando su viuda doña Casilda Ampuero, Marquesa de san Fernando, ligada a la cofradía desde su fundación, lo dona definitivamente. Acompañado de una carta fechada el 21 de marzo de 1967, escrita en Cádiz de su puño y letra, es enviado el fajín a Córdoba y le será impuesto a la Virgen el 22 de marzo de aquel año. El fajín fue usado por el General durante la guerra civil y lo recibió de manos del Tercio del Requeté de Sevilla (Varela ostentó la jefatura de los requetés), cuyo escudo (un águila bicéfala con la cruz de Borgoña en su interior) figura en cada una de las borlas.

Como es habitual en España es seda de color rojo; aunque también puede verse en celeste, como los del Estado Mayor, o violeta que es el otorgado a los participantes en alguna campaña de la guerra civil. En la parte inferior se sitúan las borlas, en este caso de fleco dorado (al ser fajín de gala), y posee únicamente un entorchado, que es el bordado de hojas de laurel cuyo número muestra el empleo o rango del general; de este modo, los de uno corresponde al general de brigada, los de dos a general de división, los de tres a teniente general, los de cuatro a general del ejército y cinco al capitán general de los ejércitos que es el Rey.

Otro de los más antiguos es el que, según la tradición, perteneció al General Cascajo, si bien no existe un documento que lo corrobore. Al igual que el anterior posee un solo entorchado. Los flecos de éste son sin embargo de mayor calidad, al igual que las borlas, con aplicaciones de espejuelos.

Posee la dolorosa otro fajín, con tres entorchados, que le fue impuesto por el General en Jefe de la División acorazada Guzmán el Bueno don José Arnoldo Mediavilla Nieto el 26 de marzo del año 2000. En el mismo acto se otorgó a la División mencionada el título de Hermano de Honor.

Con motivo de la coronación, le fue donado otro con tres entorchados por el Excmo. Sr. D. Fernando Ostos González, ex Teniente General Jefe del Mando Aéreo del Estrecho y Jefe del Sector de Sevilla.

Por último en 2025 le fue impuesto un fajín de Estado Mayor por el Ilmo. Sr. D. José María Ortega Olmedo, subdelegado de Defensa en Córdoba.

Puñales

Los puñales recuerdan simbólicamente la profecía de Simeón, según la cual una espada atravesaría el alma de María. Su presencia sobre el pecho de la Virgen expresa el dolor de la Madre ante la Pasión y muerte de su Hijo.

Entre las piezas principales destaca el puñal de oro. Fue donado por doña Manuela del Pino García, madre del que fuera Hermano Mayor de la corporación don Manuel Quirós del Pino. Los materiales para su elaboración se obtienen de las propias alhajas de su madre, como algunos broches de gran antigüedad. Posee un mango de bordes sinuosos, que parte de una empuñadura con ribete de líneas redondeadas. Este mango tiene forma de cruz y en el centro aparece un medallón circular. Los brazos llevan un contorno cóncavo y convexo, que termina en punta. El tipo de ornato viene guiado por la pedrería, ya que consiste en elementos repujados que rodean dicha pedrería. Mantiene pues unas líneas muy cerradas, lo que denota la clara influencia del estilo barroco.

Otra pieza destacada es el puñal de plata diseñado por Jesús de Julián y ejecutado por Emilio León. Fue realizado para acompañar a la corona de plata incorporada al ajuar en 2013, formando con ella un conjunto de orfebrería concebido bajo una misma estética. Esta obra fue donada por N.H.D. José Carlos Pérez de Algaba.

(4.4.6. Puñales)

El joyero de la Santísima Virgen

Junto a los puñales, la Santísima Virgen atesora un extenso conjunto de joyas de notable valor, entre los que destacan multitud de broches, mariquillas, anillos, pulseras y medallas, así como decenas de rosarios y dos tiaras.

Muchas de estas piezas poseen también un importante valor sentimental, al proceder de recuerdos familiares o haber sido ofrendadas en acción de gracias, como cumplimiento de una promesa o para solicitar la intercesión de la Santísima Virgen.

Los rosarios ocupan un lugar especialmente significativo dentro del ajuar, pues representan la oración mariana y la meditación de los misterios de la vida de Cristo. María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada dispone de diferentes rosarios realizados en perlas, cristal, coral, plata, filigrana y otras materias, muchos de ellos procedentes de ofrendas personales.

Con motivo de la coronación pontificia, la imagen recibió numerosas joyas y ofrendas de instituciones, hermandades, familias y devotos. Entre las incorporaciones se encuentran una media luna realizada por Jesús de Julián según diseño de Curro Claros, ya descrita en otro apartado, y un relicario de plata del siglo XIX con una reliquia de fray Leopoldo de Alpandeire, entregado por la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, padrinos de la coronación.

Cada una de estas piezas, independientemente de su valor material, constituye un testimonio de amor y confianza en María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada. El ajuar mariano es, por tanto, un patrimonio vivo que continúa utilizándose en el culto y enriqueciéndose mediante nuevas ofrendas, conservando la memoria de quienes han encontrado bajo el manto de la Reina de Capuchinos consuelo, paz y esperanza.

(4.4.7. Joyas)

Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
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Ajuar de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada
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