Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia

Historia de la imagen

La devoción a Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia se encuentra estrechamente vinculada a los orígenes de la Hermandad. Sus fundadores se reunieron inicialmente en torno a una antigua imagen de esta advocación, conocida popularmente como “Penitas”, que recibía culto en la desaparecida ermita de San Juan de Letrán, situada en el barrio de San Lorenzo. Aquella efigie representaba a Cristo sentado sobre una piedra, aguardando serenamente el momento de la crucifixión.

Tras establecerse la Hermandad en la iglesia conventual del Santo Ángel, de los Hermanos Menores Capuchinos, no fue posible incorporar aquella imagen a la nueva corporación. Por este motivo, en 1942 se encargó al escultor e imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo la realización de una nueva talla que presidiera la devoción cristífera de la Hermandad. La obra quedó concluida en 1943 y fue bendecida el 24 de enero de ese mismo año.

El Señor se incorporó a la estación de penitencia de la Cofradía en 1944. Desde entonces, su presencia se ha convertido en una de las estampas más reconocibles del Miércoles Santo cordobés y en el centro de una profunda devoción que trasciende el ámbito de la propia Hermandad.

En 2018 se conmemoró el 75.º aniversario de su bendición mediante un amplio programa religioso y cultural. Los actos incluyeron la exposición «Humilde y Paciente. 75 años entre nosotros» y culminaron con el traslado del Señor a la Santa Iglesia Catedral y una salida extraordinaria de regreso a su sede canónica.

Autoría

Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia es obra de Juan Martínez Cerrillo, uno de los principales representantes de la imaginería religiosa cordobesa del siglo XX y un artista especialmente relacionado con la historia y el patrimonio de la Hermandad, así como Hermano Mayor de Honor.

El encargo se realizó en 1942 y la imagen quedó terminada y bendecida en 1943. Martínez Cerrillo optó por una composición diferente de la representación tradicional de esta advocación, creando una imagen de notable personalidad artística y gran capacidad devocional.

Descripción artística

La imagen representa a Cristo de pie, en una actitud serena y contenida. El cuerpo adopta una postura ligeramente dinámica: el brazo derecho se adelanta, mientras el izquierdo queda algo retrasado, acompañando el gesto de quien está siendo despojado de sus vestiduras. La túnica deja parcialmente descubierto el torso, permitiendo contemplar las señales de la Pasión.

La cabeza se inclina y gira levemente hacia la derecha. La mirada baja, los ojos enrojecidos y la boca entreabierta transmiten agotamiento y dolor, pero sin recurrir a una expresión excesivamente dramática. El rostro conserva una profunda dulzura y una serenidad que favorecen la cercanía espiritual con el fiel.

La tez morena, el cabello oscuro dispuesto en mechones ondulados y la barba enmarcan unas facciones de modelado suave. La corona de espinas, las heridas, los hematomas y los regueros de sangre completan el tratamiento realista de la Pasión. Sin embargo, todos estos elementos quedan subordinados a una expresión general de dignidad, mansedumbre y aceptación.

La obra combina el naturalismo propio de la imaginería procesional con una concepción idealizada del rostro de Cristo. Martínez Cerrillo no representa únicamente el sufrimiento físico, sino especialmente la fortaleza espiritual de quien acepta con humildad el sacrificio que está a punto de consumarse.

Iconografía

La advocación de la Humildad y Paciencia suele representar a Cristo sentado sobre una piedra o peña del Calvario, esperando la preparación de la cruz y meditando sobre su inminente muerte. Esta iconografía tradicional destaca la soledad, la resignación y la paciencia de Jesús antes de la crucifixión.

Juan Martínez Cerrillo introdujo una importante singularidad al representar al Señor de pie y en el momento del despojo de sus vestiduras, una escena conocida como el Expolio. La túnica parcialmente caída y la disposición de los brazos evocan el instante en que Cristo es desnudado antes de ser clavado en la cruz. De esta forma, la imagen une las virtudes expresadas por su advocación —humildad, paciencia, obediencia y aceptación— con el episodio evangélico del expolio en el monte Calvario.

Esta interpretación se desarrolla plenamente en el actual paso de misterio, realizado por Antonio Bernal Redondo en 1997. En él, un soldado romano despoja al Señor de su túnica mientras un sanedrita le ofrece la bebida de vino mezclado con hiel. Completan la escena Simón de Cirene, los dos ladrones —Dimas y Gestas—, un sayón y los soldados romanos encargados de preparar la crucifixión.

Restauraciones

Si bien la imagen ha tenido algunas intervenciones menores a lo largo de su historia, la principal restauración documentada sobre la imagen tuvo lugar en 2016 y fue realizada por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo, profundo conocedor de la obra de Juan Martínez Cerrillo.

La actuación respondió a la aparición de grietas provocadas por movimientos del soporte de madera y por alteraciones de algunos elementos superficiales. Los estudios previos descartaron la presencia de insectos xilófagos y hongos, pero aconsejaron intervenir para evitar el avance de las fisuras y posibles pérdidas en la policromía.

Durante los trabajos se consolidó su estructura, se sanearon las grietas y se efectuó una limpieza de su policromía, eliminando suciedad acumulada y repintes posteriores que habían alterado la misma y le otorgaban una tonalidad verdosa. Esta actuación permitió recuperar una encarnadura más luminosa y cercana a su aspecto original, además de volver a mostrar numerosos detalles de las heridas, hematomas y regueros de sangre.

También se reintegraron los estucos empleados por Martínez Cerrillo para dar relieve a determinadas gotas de sangre, se limpiaron los ojos y se colocaron pestañas de menor tamaño, consiguiendo una mirada más dulce y expresiva. Asimismo, las antiguas espinas de plomo de la corona fueron sustituidas por espinas naturales de acacia.

La intervención se desarrolló siguiendo criterios de conservación y respeto por la personalidad artística de la obra. Tras aproximadamente tres meses de trabajo, Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia fue repuesto al culto en la iglesia conventual del Santo Ángel en octubre de 2016.

Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia
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