El cortejo procesional de la Hermandad de la Paz constituye una manifestación ordenada de fe en la que cada insignia ocupa un lugar determinado y transmite una parte de la identidad histórica, espiritual e institucional de la corporación. No se trata únicamente de piezas ornamentales; desde la Cruz de Guía hasta las distintas banderas, estandartes, el Simpecado, etc., la cofradía hace visibles su carácter penitencial, su vinculación franciscana, su devoción mariana y los títulos que ha recibido a lo largo de su historia.
Junto a insignias habituales en las cofradías de penitencia, como la Cruz de Guía, el Senatus, el Simpecado o el Libro de Reglas, la Hermandad conserva elementos especialmente vinculados a sus orígenes y a su sede capuchina. Entre ellos destacan los cuatro banderines fundacionales, los estandartes antiguos dedicados a san Francisco de Asís y la Inmaculada, y la reliquia del beato Fray Leopoldo de Alpandeire.
(4.5. La Hermandad en la Calle)
Cruz de Guía y faroles de acompañamiento
La Cruz de Guía es la insignia encargada de abrir el cortejo procesional de la Hermandad y anunciar su llegada durante la estación de penitencia. Fue ejecutada en 1974 por el taller de Hijos de Juan Fernández, mientras que los faroles que la escoltan son del taller de Manuel de los Ríos, formando un conjunto de orfebrería concebido para presidir la organización de los distintos tramos de nazarenos.
El mandato del Hermano Mayor José Gálvez Galocha (nombrado en 1987 cofrade ejemplar) se caracteriza por su impulso renovador. La sección juvenil, una importante reforma estatutaria, el anterior paso de misterio, y gran parte de los elementos del paso de palio se llevaron a cabo en este período.
Se trata de una cruz de orfebrería de estilo neobarroco. En su centro figura el antiguo escudo de la cofradía, orlado de resplandores, y en el reverso el anagrama mariano, en alusión al carácter de la corporación. Entre la profusa ornamentación vegetal se insertan pequeñas cartelas con símbolos y representaciones de la pasión del Señor. Unas asas de líneas rectas y unas artísticas cantoneras completan la decoración.
A ambos lados se sitúan los faroles de acompañamiento, realizados con un lenguaje ornamental neobarroco semejante para asegurar la unidad estética del conjunto. Cada farol se levanta sobre un largo astil de acabado plateado, dividido mediante anillas, molduras y pequeños cuerpos ornamentales. La zona superior adopta una configuración poligonal, con amplios paños de cristal que protegen el punto de luz y permiten que este resulte visible durante el recorrido. Los cuerpos acristalados están enmarcados por elementos de orfebrería y coronados por cresterías y remates vegetales de inspiración neobarroca. Su estructura estilizada evita que los faroles resten protagonismo a la cruz y permite que se dispongan simétricamente a ambos lados de ella. Tanto la altura de los astiles como la forma de las cabezas contribuyen a crear una composición equilibrada y fácilmente reconocible en la cabecera de la cofradía.
Además de su función material de iluminación, estos faroles poseen un significado simbólico. Su luz acompaña a la cruz y recuerda a Cristo como guía de los creyentes, mientras que su colocación a ambos lados actúa como escolta de la principal enseña penitencial. Cruz y faroles forman así una unidad artística y ceremonial que introduce el carácter religioso del cortejo y anuncia que toda la estación de penitencia se desarrolla bajo el signo de la Pasión y la Redención.
(4.5.1. Cruz de Guía y Faroles de acompañamiento)
Estandarte de la Purísima Concepción
La devoción a la Purísima Concepción ocupa un lugar destacado dentro de la tradición franciscana. Durante siglos, los hijos de san Francisco defendieron que la Virgen María había sido preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción, mucho antes de que esta creencia fuera proclamada solemnemente como dogma por la Iglesia.
El Estandarte de la Purísima Concepción expresa la profunda tradición concepcionista de la Hermandad y su estrecha vinculación con la espiritualidad franciscana, históricamente defensora de la preservación de María del pecado original.
Su ejecución fue llevada a cabo en los años cuarenta por las monjas del Buen Pastor bajo diseño de Juan Martínez Cerrillo, autor de la pintura central.
Si nos remitimos al análisis del patrimonio procesional de la Hermandad en época fundacional, debemos centrarnos de manera inexcusable en el conocido como Estandarte de la Inmaculada Concepción, puesto que nos encontramos ante uno de los guiones que figuró en la primera estación de penitencia de la corporación. De esta manera, según recogen las crónicas que describen, con avidez, este momento histórico para la hermandad, esta pieza se emplazó en este primitivo cortejo tras su Cruz de Guía. Por lo que esta obra, indudablemente, en el contexto de esta corporación, es portadora de una destacada significación histórica.
La pieza guarda importantes similitudes, tanto estéticas como técnicas, respecto al Estandarte de San Francisco, encontrándose formuladas dentro de los preceptos ideados por Martínez Cerrillo en el planteamiento del guion procesional. La principal diferencia que existe entre ambos estandartes reside, casi de forma exclusiva, en la iconografía que es representada en el tondo que albergan. Así, en este caso, nos encontramos ante la presencia de una representación mariana. Se trata de un busto de la Inmaculada Concepción que prosigue los planteamientos característicos en el desarrollo de esta vertiente iconográfica, concretamente en referencia a la obra del pintor Bartolomé Esteban Murillo. De este modo advertimos la presencia de la Virgen María que, vestida de túnica blanca y manto azul, dirige su dulce mirada hacia el lado contrario en el que sitúa sus manos orantes, en clara actitud de aceptación. Por otra parte, redundando en el componente inmaculista apreciamos la existencia de diversos motivos florales alusivos a su Purísima Concepción.
Fue restaurado por los talleres de Carmen Checa en 2002.
La insignia se porta sobre un mástil plateado y cincelado con motivos vegetales y rematada por el anagrama mariano.
(4.5.10. Estandarte de la Purísima)
Banderines fundacionales
La tarde del 6 de abril del año 1941 nunca pasará desapercibida para la memoria de los hermanos que aún la recuerdan y mucho menos para los anales de la Hermandad. Y es que, en esa tarde de Domingo de Ramos, la corporación capuchina procesionó por vez primera. Entre el incipiente patrimonio que la cofradía atesoraba en su etapa fundacional, se encontraban estos cuatro banderines que formaron parte del cortejo de esta histórica Estación de Penitencia y que, sin lugar a dudas, constituyen una valiosa manifestación del devenir de la hermandad, manifestación dotada de un valor más emotivo que artístico.
Estos cuatro banderines, idénticos si atendemos a su sencilla composición, sí resultan de gran utilidad para conocer y comprender ciertas vinculaciones históricas que ostenta la hermandad. Nos encontramos que la esencial diferencia que establece la distinción entre unos y otros reside en una carga simbólica que, en este caso, se limita al escudo franciscano, al emblema pontificio, al monograma de Jesús y al Corazón de María. La totalidad de estos motivos, bordados por la congregación del Buen Pastor con tondos al óleo de Martínez Cerrillo, evidencian los pilares fundamentales sobre los que se erige la vida cotidiana de la cofradía. En primer lugar nos encontramos ante el banderín que, sobre el escudo dominico bordado {en clara alusión a la relación entre estas dos órdenes de fundación coetánea), ostenta uno de los emblemas franciscanos por excelencia, los brazos cruzados de Cristo y San Francisco de Asís, brazos cuya presencia llega a converger al encontrarse clavados en la misma cruz. Su significado, entendido en el mismo contexto de la escena del "Abrazo místico de San Francisco de Asís a Jesús Crucificado", debe ser valorado en consonancia a la conformidad y asimilación del Pobre de Asís con Cristo. De otro lado, figura el banderín que acoge el emblema de la tiara papal, en clara referencia a Pío XII, quien concede la mención de pontificia que ostenta la hermandad en su título. Finalmente, nos encontramos los guiones relativos al monograma de Jesús sobre una cruz griega y al Inmaculado Corazón de María, principales baluartes devocionales de la hermandad.
Fueron restaurados por los talleres de Carmen Checa en 2002.
Los mástiles son de metal plateado y cincelado con remate en punta de lanza.
(4.5.11. Banderines fundacionales)
Guion de coronación y varas de acompañamiento
Esta reciente pieza refleja, junto con el Senatus, el inicio del proceso de renovación del guion procesional comenzado en 2025 bajo el mandato de don Julio Mifsut, todo bajo diseño de Curro Claros. Los bordados son obra de Francisco Pérez Artés y la orfebrería, en plata de ley, fue realizada por Jesús de Julián.
El Guion de la Coronación Pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada fue concebido para perpetuar en el cortejo procesional la memoria de la histórica Coronación de la Titular, celebrada el 15 de octubre de 2022.
Se trata de una pieza bordada en hilo de plata sobre soporte de malla de oro, manteniendo las líneas románticas que caracterizan el diseño de las bambalinas del paso de palio de la Santísima Virgen.
Con forma de lábaro, la lectura del diseño sigue el siguiente desarrollo: un copete de orfebrería inspirado en la crestería del palio corona el estandarte. A modo de penacho, sirve de soporte para dos ángeles querubines modelados por Álvaro Abrines, que sostienen la presea con la que fuera coronada la Virgen. De esta pieza, nace el desarrollo mismo del estandarte.
Acantos, motivos florales y roleos componen la base del diseño del bordado, dispuestos a lo largo de toda la pieza. En el centro, a modo de cartela central, un medallón coronado por la tiara y las llaves pontificias, en alusión al carácter que tuvo la coronación, y que reza: “CORONACIÓN PONTIFICIA DE MARÍA SANTÍSIMA DE LA PAZ Y ESPERANZA. XV – X – MMXXII. CÓRDOBA".
Bajo el medallón central, dos cuernos de la abundancia con rosas, gardenias, y olivo flanquean un óvalo con la heráldica del por entonces obispo de la Diócesis de Córdoba, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández González. Esta pieza está realizada en hilos de sedas de colores, enriqueciendo el conjunto.
El diseño de estandarte se remata con una larga flequería que alterna bellotas en plata y oro, recordando los diseños que crease Martínez Cerrillo para la Hermandad.
Las 4 varas que escoltan el estandarte, obra igualmente de Jesús de Julián bajo diseño de Curro Claros, presentan en los tubos una decoración de estilo romántico, alternando acantos y hojas de olivo en alusión a la advocación de la titular mariana.
En el remate de las varas lucen también las llaves y la tiara pontificia bajo el símbolo real, que corona a una paloma entrelazada a un ancla, símbolos ligados muy estrechamente a la Virgen en sus dos advocaciones.
(4.5.12. Guión de Coronación y varas)
Simpecado
El término Simpecado procede de la expresión «Sin pecado concebida» y constituye una proclamación pública de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Por su contenido doctrinal y mariano, ocupa un lugar destacado en numerosos cortejos procesionales y adquiere una especial relevancia en una corporación vinculada a la familia franciscana.
La insignia, utilizada hasta el Miércoles Santo de 2026, fue diseñada por fray Ricardo de Córdoba y bendecida el 8 de diciembre de 1990, con motivo de los actos conmemorativos del cincuentenario fundacional de la Hermandad. Su ejecución fue realizada por los Talleres San Rafael mediante la técnica del bordado de aplicación sobre raso celeste. En el centro de la composición se dispone una representación de la Inmaculada Concepción ejecutada con sedas antiguas, que constituye el principal valor artístico y devocional de la insignia, ya que procede de una antigua casulla de la Casa de Medinaceli. La combinación de aplicaciones, cordoncillos y diferentes texturas permite modelar los elementos decorativos y aportar relieve al conjunto, mientras que la disposición simétrica de la ornamentación enmarca y realza la imagen mariana. La pieza responde plenamente al lenguaje artístico de Fray Ricardo, caracterizado por la riqueza ornamental, la estilización de los motivos vegetales y la integración de la espiritualidad franciscana y concepcionista en el patrimonio de la Hermandad.
La Hermandad ha proyectado su sustitución por un nuevo Simpecado diseñado por Curro Claros, concebido como una exaltación del dogma de la Pura y Limpia Concepción de María. La insignia adopta la forma de un estandarte simétrico de dos picos o capuz, conservando la configuración general de la pieza actual, aunque desarrollada mediante una composición de mayor riqueza y monumentalidad. Su lenguaje ornamental es fundamentalmente barroco y se construye mediante una profusa sucesión de volutas, roleos, cortinajes, elementos arquitectónicos y motivos vegetales que se organizan alrededor del eje central. La parte superior queda culminada por una corona real, reforzando el carácter mariano y regio del conjunto.
El centro está reservado a una representación de la Inmaculada Concepción, dispuesta sobre un campo de tisú celeste asentado sobre una malla de oro. El color celeste evoca el cielo y la pureza de María, mientras que la malla aporta transparencia, ligereza y luminosidad. La figura de la Virgen será realizada en plata de ley, con el rostro y las manos tratados en tonalidad marfileña, siguiendo como referencia una imagen atribuida a Camilo Rusconi conservada en el tesoro de la Catedral de Córdoba. Tras ella se desplegará una ráfaga formada por rayos rectos y flamígeros, que acentuará su presencia como centro visual y espiritual de la insignia.
A ambos lados de la Inmaculada aparecerán ángeles músicos, también ejecutados en plata de ley y con detalles de acabado marfileño. Estas figuras introducen un sentido de movimiento y celebración, presentando la proclamación concepcionista como una escena de carácter celestial. El espacio se completa con un destacado conjunto de azucenas, símbolo tradicional de la virginidad y pureza de María, distribuido tanto en la ornamentación central como en algunos de los elementos complementarios.
El programa iconográfico incorpora tres cartelas con expresiones latinas vinculadas al dogma inmaculista. La cartela superior, situada bajo la corona, mostrará la inscripción «Sine Labe Concepta», es decir, «Concebida sin mancha». En la zona inferior aparecerán las expresiones de alabanza «Pulchra ut Luna» (Hermosa como la luna), y «Electa ut Sol» (Escogida/Refulgente como el sol), del Cantar de los Cantares. En el centro se incluirá además el escudo franciscano, recordando la histórica defensa del dogma de la Inmaculada por parte de la Orden de san Francisco y la vinculación seráfica de la Hermandad.
Uno de los principales recursos visuales del proyecto es el contraste entre el oro y la plata. El oro se reserva para los elementos de mayor solemnidad y para determinados perfiles, mientras que la plata dominará buena parte del aparato ornamental y escultórico. La pedrería en tonalidades celestes introducirá nuevos puntos de luz y reforzará la unidad cromática con el tisú central. El resultado pretende equilibrar la calidez del oro, el brillo frío de la plata y el color mariano del fondo, diferenciando claramente los distintos planos de la composición.
El remate superior estará formado por una cruz de plata de ley, enriquecida en su centro con una aguamarina y rodeada por rayos y volutas. La cordonería combinará hilos de oro y plata con pedrería, pinjantes, borlas y trabajos de pasamanería. Entre estos elementos sobresalen dos pequeños jarrones de azucenas, integrados como remates ornamentales y simbólicos. Los bordes laterales e inferiores se completarán con numerosos chorros de bellotas, solución que recuerda los trabajos históricos de Juan Martínez Cerrillo y vincula la nueva creación con la estética tradicional de la corporación.
El conjunto será acompañado en un futuro por dos faroles de plata de ley, concebidos expresamente para la nueva insignia. Presentarán cuerpos superiores de cristal enmarcados por apliques de orfebrería, volutas y motivos vegetales, manteniendo la misma estética barroca del Simpecado.
La ejecución del bordado ha sido encomendada a Francisco Pérez Artés, mientras que los trabajos de orfebrería corresponderán a N.H.D. Jesús de Julián. Su estreno se encuentra previsto, D.m., para el Miércoles Santo de 2027.
(4.5.13. Simpecado (antiguo y diseño))
Estandarte de Hermandad o «Bacalao»
El estandarte corporativo, conocido popularmente como «bacalao» por la forma que adopta el tejido al recogerse alrededor de su soporte, constituye la principal insignia representativa de la Hermandad. En él se dispone el escudo corporativo, síntesis heráldica de sus títulos, devociones y vínculos históricos. Su presencia posee un marcado carácter institucional. Encabeza representaciones oficiales, participa en cultos y actos solemnes y ocupa un lugar destacado dentro de la estación de penitencia. Allí donde se encuentra el estandarte se entiende representada oficialmente la corporación.
El actual estandarte fue ejecutado por el bordador cordobés Antonio Villar Moreno en el año 2000. Constituye la principal insignia representativa de la corporación y adopta la forma tradicional de «bacalao»: un paño de perfil alargado y apuntado, estrecho en su parte superior y progresivamente ensanchado hasta formar un cuerpo inferior ovalado. Esta configuración permite que el tejido se recoja alrededor del asta y que el escudo permanezca visible durante los actos de culto y la estación de penitencia. El mástil es de metal plateado y se encuentra rematado por una cruz.
La composición se desarrolla sobre un soporte de tisú de plata con bordados en oro dispuestos siguiendo una rigurosa simetría. Desde la punta superior descienden tallos, roleos, hojas de acanto, palmetas, olivo y pequeños motivos florales que aumentan progresivamente de tamaño hasta enmarcar el emblema central. El dibujo sigue un marcado eje vertical y combina amplias formas vegetales con elementos más finos y ligeros, evitando que la abundancia ornamental reste claridad a la silueta de la insignia.
En la parte inferior se sitúa el escudo corporativo, concebido como centro visual de la obra. La composición heráldica está presidida por la tiara pontificia y las llaves de san Pedro, elementos que recuerdan el título pontificio de la Hermandad. Bajo ellos aparecen dos óvalos, integrados dentro de una gran cartela bordada y rodeados por roleos, hojas y elementos ornamentales. En el de la izquierda aparece el abrazo franciscano sobre las cinco llagas, que alude al título de hermandad franciscana que se ostenta desde 1977, y en el de la izquierda el primitivo escudo de la corporación, la cruz tudesca con la corona de espinas, el ancla y la rama de olivo entrelazada en su interior.
En 2022, con motivo de la Coronación Pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza, Antonio Villar intervino nuevamente la pieza. Los bordados fueron pasados a un nuevo tejido y se sustituyeron la cordonería y los flecos. El pasado a nuevo soporte permite conservar el bordado original, separándolo del tejido deteriorado y adaptándolo a una base renovada que recupera su estabilidad y luminosidad. La intervención incorporó también nuevos cordones, borlas y pasamanerías doradas, enriquecidas con detalles verdes que evocan el color de la esperanza y aportan movimiento cuando se porta la insignia.
(4.5.14. Bacalao)
Libro de Reglas
El Libro de Reglas contiene las disposiciones que regulan la vida de la Hermandad y define los derechos, deberes, órganos de gobierno, cultos y fines de la corporación. Por este motivo, no es únicamente un libro administrativo, sino la expresión material del compromiso asumido por los hermanos y del orden canónico bajo el que se desarrolla la cofradía.
Durante la Estación de Penitencia se porta como insignia corporativa por parte del Secretario/a de la Hermandad. Su presencia recuerda que la procesión no es un acto aislado, sino una manifestación pública de una comunidad cristiana organizada conforme a unas reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica.
El actual Libro de Reglas presenta una encuadernación rígida de cuero labrado y policromado (cordobán) en una tonalidad verde oscura, cuyos motivos decorativos forman una trama geométrica de lacería en relieve. Sobre este fondo se dispone un conjunto de orfebrería plateada formado por cuatro grandes cantoneras, el escudo corporativo central y un broche lateral. Las cantoneras ocupan buena parte de los ángulos de la cubierta y desarrollan una abundante ornamentación neobarroca, compuesta por roleos, hojas de acanto, flores, volutas y pequeños rostros de querubines, todo ello delimitado por molduras rectas que enmarcan la composición.
El contraste entre el fondo verde, la trama geométrica y el brillo de las aplicaciones metálicas proporciona a la pieza una apariencia solemne y facilita que el escudo corporativo destaque durante los cultos y la Estación de Penitencia.
(4.5.15. Libro de Reglas)
Bocinas del tramo de palio
Estos característicos elementos del guion procesional, si bien en la actualidad poseen una función meramente simbólica, originariamente eran instrumentos musicales que avisaban de la proximidad del cortejo, emitiendo un sonido ronco en señal de luto. Su ubicación y disposición puede variar dentro del mismo, si bien lo más común es que se sitúen próximas a los pasos, como es el caso de nuestra corporación, y en fila de cuatro.
Las actuales bocinas son obra del taller de Manuel de los Ríos y fueron estrenadas en 1980. Posee un diseño neobarroco muy similar al de los varales y jarras, del mismo taller, con elementos geométricos, vegetales y querubines.
Los paños, en un principio bordados en aplicación sobre terciopelo verde oscuro bajo diseño de fray Ricardo, fueron sustituidos en 2001 por otros bordados en oro con idéntico dibujo, obra de Mercedes Castro. El escudo de la hermandad se sitúa en el centro, como es habitual, decorándose el resto con tallos y roleos.
(4.5.16. Bocinas tramo de Palio)
Insignias del Cuerpo de Acólitos de la Hermandad
El cuerpo de acólitos que antecede a cada uno de los pasos de la Hermandad aporta solemnidad y sentido litúrgico al cortejo. La función del cuerpo de acólitos delante de nuestros pasos proviene de su uso en las celebraciones litúrgicas. El cirial está considerado como una extensión del candelero de la Mesa del Altar, es por ello que el color de su cera debe ser el mismo que la de los candeleros del altar. Esto debemos trasladarlo a la función de los ciriales en la calle precediendo al paso. El paso se considera como altar en la calle que porta las sagradas imágenes de Cristo o su Madre, y es por ello que está justificada la presencia de los ciriales, cuya cera debe ser del mismo color que la del paso, así como el pertiguero que manda elevar los mismos cuando está alzado.
Ciriales, pértigas y dalmáticas
El juego de ciriales utilizado por la Hermandad fue realizado en plata de ley por el orfebre cordobés Antonio Cuadrado. Su diseño, obra de nuestros hermanos Olga Briones y Antonio Morales, responde a un lenguaje neobarroco de gran riqueza y simbolismo, concebido para armonizar con la orfebrería y la estética general del cortejo.
No fue hasta el año 2003, sin olvidar su presencia en la procesión extraordinaria de 1990, cuando la hermandad comenzó a llevar un cuerpo de acólitos delante de sus pasos, aún con los ciriales prestados, al igual que en 1990, por la Hermandad del Císter. Ya en 2004 pudieron estrenarse los llamativos ciriales así como la pértiga y medallón del pertiguero. El cirial está formado por un ástil dividido en varios tramos separados por macollas con un minucioso cincelado, con la inscripción "Humilitas et Patientia" en el del Señor y "Pacis et Spes" en el de la Virgen. La parte superior se trata de una pieza de cuatro caras con sus esquinas achaflanadas. En cada cara se sitúa una pequeña hornacina de medio punto con columnas pareadas donde se observan los principales santos de la orden franciscana, masculinos en los del paso de misterio y femeninos en los del palio. A continuación se apoya otro cuerpo que simula la parte superior de la fuente de los Jardines de la Merced escoltado por palomas. La pértiga está formada por un astil rematado por un templete con columnas en las esquinas. La del Señor, con piedras rojas, contiene la imagen de un Niño que sostiene la túnica y la de la Virgen, con piedras verdes, una paloma.
Las dalmáticas del Señor son en color rojo, al igual que el ropón del pertiguero. Combinan el terciopelo con el brocado y en su parte delantera llevan las cinco llagas franciscanas y el escudo de la hermandad en la trasera. Las de la Virgen por su parte son idénticas salvo en el color, que es verde, y que en la parte delantera llevan bordado el anagrama de María. El ropón se complementa con gola de organiza y lleva motivos de eses bordados en aplicación. El medallón representa el escudo de la cofradía.
Incensarios
Los incensarios son portados por los acólitos turiferarios y se utilizan para quemar el incienso que precede inmediatamente a los pasos. Las piezas empleadas por la Hermandad presentan un acabado plateado y una composición inspirada en los modelos tradicionales de la orfebrería litúrgica, manteniendo una relación visual con los ciriales y las pértigas del cortejo. En su diseño pueden apreciarse suspendidos mediante largos juegos de cadenas, que permiten al acólito balancearlos y dirigir el humo durante el recorrido.
Cada incensario se compone de un recipiente inferior destinado a contener las brasas, una cubierta calada y un sistema de suspensión. El cuerpo presenta formas redondeadas y gallonadas, enriquecidas con molduras, hojas y roleos. La tapa desarrolla una ornamentación abierta que facilita la salida del humo y se une al recipiente mediante cadenas laterales. Una cadena central permite elevarla para introducir el carbón y el incienso sin desmontar el conjunto.
La ejecución combina el conformado y repujado de las superficies curvas con el cincelado de los motivos ornamentales. Los huecos de la tapa se obtienen mediante calado, mientras que las anillas, asas, remates y eslabones se elaboran separadamente y se incorporan después al cuerpo principal. El acabado pulido resalta los volúmenes y contrasta con los fondos más oscuros de la decoración, a la vez que refleja la luz de los cirios y de los pasos.
Navetas
Las navetas acompañan a los incensarios y contienen el incienso que se va depositando sobre las brasas. Su denominación procede de su característica forma de pequeña nave. La pieza presenta un cuerpo alargado, elevado sobre un pie circular y cerrado mediante una tapa articulada.
El recipiente adopta una elegante silueta curva, con los extremos elevados y rematados por amplias volutas que actúan como asas ornamentales. Su superficie se encuentra cubierta por roleos vegetales, hojas, cartelas y motivos avenerados dispuestos sobre fondos punteados. En la zona inferior aparece una gran forma gallonada que señala el eje central, mientras que el pie se decora con hojas de acanto y se une al cuerpo mediante un pequeño cuello moldurado.
La tapa sigue la curvatura del recipiente y se encuentra dividida en dos partes mediante una bisagra central, permitiendo acceder cómodamente al incienso. Uno de sus lados incorpora un pequeño tirador torneado para facilitar la apertura. Los relieves levantados, los perfiles incisos y los fondos texturados presentan el empleo de técnicas de repujado y cincelado, complementadas con el fundido y ensamblaje independiente de las asas, el pie, las bisagras y los remates. El acabado plateado proporciona unidad a la pieza y refuerza su relación estética con los restantes elementos del cuerpo de acólitos
(4.5.17 Insignias del Cuerpo de Acólitos)
Senatus
Inspirado en los antiguos estandartes romanos, el Senatus suele mostrar las iniciales S.P.Q.R., correspondientes a la expresión latina Senatus Populusque Romanus, «el Senado y el Pueblo Romano». Su presencia sitúa simbólicamente el cortejo en el contexto histórico en el que tuvo lugar la Pasión de Cristo y recuerda el poder civil bajo el que se desarrollaron su condena y crucifixión.
El nuevo Senatus de la Hermandad fue diseñado por Curro Claros y ejecutado entre 2025 y 2026. Refleja el proceso de renovación del guion procesional comenzado en 2025 y encomendado a Curro Claros, bajo el mandato de don Julio Mifsut Ferrer de Couto. En 2026 se ha estrenado igualmente el guion de coronación y varas de acompañamiento, y próximamente será el turno, D.m., del Simpecado.
Los trabajos de bordado del Senatus fueron realizados por José Manuel Martínez Hurtado, mientras que la orfebrería en plata de ley corresponde al cordobés Jesús Amaro. La insignia se incorporó al cortejo procesional en la Semana Santa de 2026.
La pieza está confeccionada sobre terciopelo de seda burdeos, tonalidad vinculada al ajuar de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia. Su diseño, de composición simétrica, combina referencias a los antiguos estandartes romanos con la riqueza ornamental propia del bordado cofrade andaluz.
En el centro destaca la cartela con las iniciales SPQR, rodeada por roleos, palmetas, hojas de acanto y motivos geométricos bordados en oro fino, en algunas zonas sobre malla de oro. La combinación de distintas técnicas y texturas aporta volumen, profundidad y luminosidad al conjunto.
Su ejecución se llevó a cabo mediante procedimientos tradicionales de bordado artístico, alternando diferentes disposiciones y texturas del hilo de oro para modelar las letras, hojas y elementos ornamentales. La estructura metálica, trabajada mediante técnicas de repujado y cincelado, fue concebida de manera conjunta con el paño, de forma que el bordado y la orfebrería mantuvieran una misma unidad estética y compositiva.
El paño se completa con corbatas laterales, cordones y borlas, elementos que recuerdan el lenguaje artístico de fray Ricardo de Córdoba. La estructura de plata presenta una cuidada ornamentación vegetal y está coronada por un águila con las alas desplegadas, enmarcada por ramas de laurel, como referencia a la autoridad y simbología de la antigua Roma.
El resultado es una insignia de carácter monumental que une la tradición clásica con la identidad artística de la Hermandad, integrándose de forma armónica en el tramo de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia.
(4.5.2. Senatus)
Estandarte de san Francisco
En el despliegue del cortejo procesional que cada tarde del Miércoles Santo realiza la hermandad destaca la presencia de algunos estandartes que si bien no cuentan con una relevancia desde un punto de vista artístico, sí que forman parte del patrimonio histórico más estimado de la hermandad puesto que constituyen una manifestación inequívoca de la trayectoria de la corporación. Entre estos estandartes se localiza aquel que figura bajo la advocación de San Francisco y que es incorporado en la segunda estación de penitencia de la cofradía. De esta manera, sólo tenemos que recurrir a la denominación de la cofradía para advertir que ostenta el título de franciscana (concedido en 1977) en clara referencia a la vinculación entre la Orden Capuchina que regenta el Convento del Santo Ángel, sede canónica de la hermandad, y el conocido como "Pobre de Asís".
Nos encontramos, por tanto, ante una pieza de sencillo diseño, pero de honda carga histórica, iconográfica y simbólica, en consonancia con el "Estandarte de la Inmaculada Concepción". Juan Martínez Cerrillo, primer director artístico de la hermandad, diseña el ajuar de la dolorosa, así como su paso de palio y guion procesional, dotando al conjunto de una clara unidad estilística. El empleo del cordón de seda y el bordado del mismo material con inclusión del tisú de oro dotan de una gran originalidad a todas las piezas así como al antiguo palio.
El estandarte, de original perfil mixtilíneo, resulta airosa por el empleo de cordón de seda haciendo el efecto de la malla, que es combinada por fleco del mismo color con detalles en verde. En su interior cobija un tondo pictórico en el que se alberga la representación de la escena de San Francisco de Asís abrazando a Cristo Crucificado, iconografía cuya presencia se hace muy extendida en los cenobios de titularidad capuchina y que parece seguir los preceptos compositivos marcados por pintores del Siglo del Oro como Bartolomé Esteban Murillo o Fran- cisco Ribalta. De este modo, el rostro del santo franciscano parece acercar su rostro, y de manera más concreta su boca, hacia la sangre que brota de una de las heridas de Cristo, que desclava de la cruz su brazo derecho para abrazar a San Francisco y acogerlo en su regazo. La escena de este abrazo místico revela, por tanto, la unión espiritual del santo respecto a Jesús, al que erige como centro fundamental de su vida tras la renuncia a la vida terrenal que realiza desde su juventud. Por otra parte, se nos indica la importante devoción que, desde la orden franciscana, se profesa a Jesucristo.
Fue restaurado por los talleres de Carmen Checa en 2002.
La insignia se porta sobre un mástil plateado y cincelado con motivos vegetales y rematado por el escudo franciscano.
(4.5.3. Estandarte de San Francisco)
Bandera Pontificia
La Bandera Pontificia hace visible uno de los títulos históricos de la corporación. La Hermandad obtuvo el título de Pontificia durante el pontificado de Pío XII, circunstancia que queda representada mediante los colores blanco y amarillo, las llaves de san Pedro, la tiara papal y las armas del pontífice.
La actual bandera, que data de 2023, fue bordada en oro por el taller malagueño de Salvador Oliver Urdiales sobre raso de seda. La ejecución de la pieza se caracteriza por el empleo de técnicas tradicionales de bordado en oro y sedas de colores. Para conseguir determinadas tonalidades se elaboraron en el propio taller hilos específicos, mezclando un hilo de oro muy fino, denominado camaraña, con hebras de seda de distintos colores hasta formar un torzal adaptado a cada elemento. Este procedimiento permite introducir matices cromáticos y variaciones de textura sin perder la luminosidad característica del bordado metálico.
El escudo pontificio se dispone sobre una cartela apergaminada ejecutada con hilos de torzal. En sus pliegues y vueltas se combinan las técnicas de la hojilla, que proporciona superficies brillantes y de gran riqueza, y de la cartulina, utilizada para crear relieves definidos. La hojilla aparece también en las llaves de san Pedro, en el marco del escudo y, de forma especialmente destacada, en las tres coronas de la tiara, logrando diferenciar los símbolos heráldicos y aportar volumen al conjunto.
Fue donada por la familia de N.H.D. Manuel Fernández Poyatos, recibiendo la bendición en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
Más allá de su riqueza material, esta insignia expresa la comunión de la Hermandad con la Iglesia universal y con el sucesor de san Pedro. Su presencia en el cortejo recuerda que la vida de la corporación se desarrolla dentro de la Iglesia y sometida a su autoridad pastoral.
(4.5.4. Bandera Pontificia)
Bandera de Hermandad
La Bandera de Hermandad representa visualmente a la corporación mediante sus colores y emblemas propios. A diferencia de otras insignias dedicadas a un título, una devoción o un acontecimiento concreto, su función principal es mostrar la identidad colectiva de todos los hermanos. En el cortejo actúa como signo de pertenencia y unidad. Bajo ella se reúnen la historia, las devociones y los compromisos compartidos por quienes forman parte de la cofradía. Su movimiento durante la procesión aporta además una presencia especialmente reconocible dentro de la sucesión ordenada de tramos y enseñas.
Su ejecución se sitúa a caballo entre el final de mandato del Hno. Mayor don Luis Pastor, y el primer año de don José Gálvez.
Con anterioridad a 1985, año en el que se ejecuta el primer estandarte bordado de la Hermandad, esta bandera era la insignia que representaba la corporación. Presenta la heráldica antigua de la cofradía, con un ancla y una rama de olivo cruzadas, símbolo de la Esperanza y la Paz, respectivamente, orladas por una corona de espinas, todo ello enmarcado en una cartela con forma de cruz tudesca. Un águila bicéfala cierra la composición. Este último elemento estuvo presente en el escudo de la hermandad desde su época fundacional y durante varias décadas, seguramente en la creencia de que el Rey de Italia aceptaría el nombramiento propuesto y concedería a la Cofradía el título de "Imperial".
En la actualidad, aunque la labor de enseña institucional de la cofradía es desempeñada por el estandarte, la bandera de la hermandad continúa formando parte del cortejo penitencial, así como de algunos actos. Asimismo es la que se posa sobre el féretro de los antiguos hermanos mayores o hermanos de honor de la cofradía.
El mástil está realizado en metal plateado y cincelado. Se divide en sucesivos cuerpos ornamentales separados por nudos lisos, mientras que los tramos principales aparecen cubiertos por roleos, hojas y motivos vegetales trabajados mediante procedimientos propios del repujado y el cincelado. La alternancia entre zonas decoradas y superficies lisas ordena visualmente la pieza y facilita su manejo durante la procesión. Como remate incorpora una cruz elevada sobre un nudo bulboso que prolonga el lenguaje neobarroco del conjunto.
(4.5.5. Bandera de Hermandad)
Bocinas del tramo de misterio
Estos característicos elementos del guion procesional, si bien en la actualidad poseen una función meramente simbólica, originariamente eran instrumentos musicales que avisaban de la proximidad del cortejo, emitiendo un sonido ronco en señal de luto. Su ubicación y disposición puede variar dentro del mismo, si bien lo más común es que se sitúen próximas a los pasos, como es el caso de nuestra corporación, y en fila de cuatro.
Las actuales bocinas son obra del taller de Manuel de los Ríos y fueron estrenadas en 1980. Posee un diseño neobarroco muy similar al de los varales y jarras, del mismo taller, con elementos geométricos, vegetales y querubines.
Los paños, en un principio bordados en aplicación sobre terciopelo burdeos bajo diseño de fray Ricardo, fueron sustituidos en 2001 por otros bordados en oro con idéntico dibujo, obra de Mercedes Castro. El escudo de la hermandad se sitúa en el centro, como es habitual, decorándose el resto con tallos y roleos.
(4.5.6. Bocinas de Misterio)
Cruz conventual, ciriales y dalmáticas
Con motivo del cincuentenario fundacional de la hermandad, se encarga al taller de Manuel de los Ríos este juego de cruz con ciriales, que fue donado al convento y que abren el tramo de palio cada Miércoles Santo.
Por otro lado, la hermandad adquiere en 2009 unas dalmáticas de terciopelo rojo bordadas en oro, datadas en el siglo XIX, y las pone en valor integrándolas en su cortejo durante el mandato de don Manuel V. Quirós. Este periodo se caracteriza, además de por el incremento de actividades culturales, por la incorporación de valiosos elementos patrimoniales, la culminación del paso de misterio y el estreno del nuevo conjunto de palio, crestería, saya y manto para la Virgen.
La dalmática es una prenda de uso litúrgico, propia de quienes han recibido la orden del diaconado. No obstante, por un deseo de incrementar el boato de sus actos litúrgicos y paralitúrgicos, así como por su similitud con la tunicela, propia del subdiácono, desde antiguo las cofradías lo vienen usando para revestir al personal auxiliar que realiza funciones propias de acólitos.
Estas piezas se caracterizan por un delicado bordado vegetal en cartulina, probablemente de origen conventual, dado su diseño, entre el que destacan unas rosas finamente trabajadas. En el cortejo procesional son vestidas por acólitos que escoltan la cruz conventual que abre el tramo de Virgen.
(4.5.7. Cruz Conventual)
Guion de Juventud
El Guion de Juventud representa a los hermanos más jóvenes y su participación en la vida de la cofradía. La insignia fue diseñada por N.H.D. Jesús de Julián, bordada por N.H.D. Rafael A. Jódar en 2008 e incorpora elementos escultóricos realizados por el imaginero cordobés Antonio Bernal Redondo, reuniendo en una misma obra el bordado, la orfebrería y la escultura.
La pieza está confeccionada sobre tisú de plata, tejido de gran luminosidad que sirve como fondo a los bordados realizados en oro fino y sedas verdes. El oro se emplea en los principales perfiles, motivos ornamentales y elementos vegetales, mientras que las sedas verdes introducen el color corporativo y aportan riqueza cromática y vistosidad.
Su composición se organiza alrededor de la silueta del emblema de la Hermandad, convertido en el principal motivo ornamental y concebido como una estructura que alberga, a ambos lados, los rostros de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y de María Santísima de la Paz y Esperanza. Estas representaciones fueron modeladas por Antonio Bernal e incorporadas como pequeños elementos escultóricos aplicados sobre el paño, proporcionando volumen y estableciendo un diálogo singular entre el relieve de la imaginería y la superficie bordada.
En el centro destaca la inscripción latina «Iuventus» en seda verde, que identifica expresamente a la juventud de la corporación. La composición se completa con ornamentación vegetal en las zonas superior e inferior y con una flequería dorada que recorre el borde de la pieza. El resultado es una insignia rica en texturas y relieves, cuya ejecución combina técnicas textiles tradicionales con elementos escultóricos y refleja la continuidad de la Hermandad a través de sus nuevas generaciones.
(4.5.8. Guion de Juventud)
Relicario del Beato Fray Leopoldo de Alpandeire
El relicario del beato fray Leopoldo de Alpandeire constituye una de las piezas más íntimamente relacionadas con la espiritualidad capuchina de la Hermandad. El fraile limosnero, profundamente venerado en Andalucía, encarnó una vida sencilla basada en la oración, la humildad, el servicio a los necesitados y la confianza en la Virgen.
La reliquia se conserva en un ostensorio de la manufactura Plata Meneses fechado en el siglo XIX, por lo que se trata de una pieza histórica incorporada al patrimonio de la Hermandad y no de una obra realizada expresamente para el cortejo. Su ejecución responde a la tradición de la orfebrería religiosa decimonónica, con una estructura de metal plateado concebida para proteger y realzar visualmente la pequeña cápsula que contiene la reliquia. El conjunto combina su función devocional con un cuidado tratamiento ornamental, permitiendo que la reliquia sea portada de forma solemne durante la procesión. Fue entregado en 2022 por la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, padrinos de la Coronación Pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza.
Su incorporación al cortejo, sobre un cojín de terciopelo burdeos con borlas realizado por Antonio Villar, establece una unión visible entre la cofradía, la comunidad capuchina y uno de los religiosos más queridos de la Orden. Al mismo tiempo, invita a contemplar la santidad desde la cercanía, el servicio cotidiano y la atención a las personas más vulnerables.
(4.5.9. Relicario de Alpandeire)

















