Historia de la Hermandad

Los orígenes de la Hermandad de la Paz y Esperanza de Córdoba se sitúan en 1939, en el barrio de San Lorenzo. Un grupo de jóvenes cofrades, varios de ellos excombatientes de la Guerra Civil, comenzó a reunirse en torno a la devoción profesada a una antigua imagen de Nuestro Señor en su Humildad y Paciencia, talla anónima del siglo XVII que recibía culto en la desaparecida ermita de San Juan de Letrán. En un tiempo marcado por las consecuencias del conflicto, aquellos fundadores quisieron levantar una nueva corporación asentada sobre los ideales cristianos de la paz y la esperanza, virtudes que terminarían definiendo su identidad y dando nombre a su titular mariana.

Para materializar este proyecto, los fundadores encargaron al escultor e imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo la realización de María Santísima de la Paz y Esperanza. La imagen fue bendecida el 8 de septiembre de 1939, festividad de la Natividad de la Virgen María, en la iglesia de San Andrés. Tras las dificultades surgidas para establecer allí la nueva Hermandad, la dolorosa pasó temporalmente por otros emplazamientos hasta que, en febrero de 1940, la comunidad de Padres Capuchinos autorizó el establecimiento de la corporación en la iglesia conventual del Santo Ángel, situada en la plaza de Capuchinos. Desde entonces, este templo y su singular entorno han permanecido inseparablemente unidos a la historia de la Cofradía.

El traslado a Capuchinos impidió que la nueva Hermandad incorporase como titular a la antigua imagen de la Humildad y Paciencia venerada en San Juan de Letrán. Ante esta circunstancia, la corporación volvió a confiar en Martínez Cerrillo y le encargó en 1942 una nueva representación del Señor. El imaginero concibió una obra de iconografía singular, presentando a Cristo de pie y en el momento de ser despojado de sus vestiduras antes de la crucifixión, en lugar de reproducir la tradicional representación de Jesús sentado sobre una peña. La nueva imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia fue bendecida el 24 de enero de 1943.

La primera etapa procesional de la Hermandad estuvo protagonizada por la Virgen. María Santísima de la Paz y Esperanza efectuó su primera salida en la tarde del Domingo de Ramos de 1941, acompañada en su paso por una imagen de san Juan Evangelista procedente de la comunidad capuchina de Antequera. La Cofradía también procesionó en esta jornada en 1942 y, a partir de 1943, quedó incorporada al Miércoles Santo, día en el que continúa realizando su estación de penitencia. En 1945 se añadió al cortejo Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, configurándose desde entonces la presencia de los dos titulares en las calles de Córdoba. San Juan Evangelista continuó acompañando a la Virgen bajo palio hasta 1960.

Durante las décadas siguientes, la Hermandad fue consolidando su vida interna, aumentando el número de hermanos y enriqueciendo progresivamente su patrimonio artístico y devocional. La estrecha vinculación con los Padres Capuchinos determinó su identidad franciscana, expresada en su espiritualidad, en sus cultos y en el característico cordón que forma parte del hábito nazareno. Junto a Juan Martínez Cerrillo, artistas como fray Ricardo de Córdoba desempeñaron un papel fundamental en la configuración estética y simbólica de la corporación, participando en el diseño de insignias, bordados, altares y numerosos elementos patrimoniales.

La evolución de los pasos procesionales constituye también una parte destacada de su historia. La representación del misterio de la Humildad y Paciencia fue transformándose hasta adoptar su configuración actual, realizada por Antonio Bernal Redondo en 1997. El conjunto recrea el momento del expolio de Cristo en el Calvario y reúne alrededor del Señor a soldados romanos, un sanedrita, Simón de Cirene, los dos ladrones y otros personajes relacionados con la preparación de la crucifixión. El paso de palio de la Virgen también ha experimentado diferentes etapas, siendo especialmente recordado el antiguo conjunto que contribuyó a popularizar la denominación de la Paloma de Capuchinos.

El arraigo alcanzado por la Hermandad quedó reflejado en la celebración de sus principales aniversarios. Entre 1989 y 1990 se desarrollaron los actos conmemorativos del cincuentenario fundacional y de la bendición de la Virgen. En 2014, la corporación celebró el 75.º aniversario de María Santísima de la Paz y Esperanza, con un amplio programa de cultos y actividades que culminó con una salida extraordinaria desde la Santa Iglesia Catedral. Cuatro años después, en 2018, se conmemoró el 75.º aniversario de la bendición de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, efeméride que volvió a llevar al Señor hasta la Catedral y permitió renovar públicamente la devoción que Córdoba le profesa.

Uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de la corporación fue la coronación pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza. Prevista inicialmente para octubre de 2020, tuvo que ser aplazada como consecuencia de la crisis sanitaria. Finalmente, el 15 de octubre de 2022, la Virgen fue coronada solemnemente en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba por el entonces obispo de la diócesis, monseñor Demetrio Fernández. La celebración convirtió a la titular mariana en la cuarta dolorosa coronada de la ciudad y supuso el reconocimiento de una devoción cultivada durante más de ocho décadas.

La coronación no se concibió únicamente como una distinción honorífica, sino como una llamada a renovar la vida espiritual, evangelizadora y caritativa de la Hermandad. El acontecimiento estuvo acompañado por iniciativas sociales dirigidas a las personas más necesitadas, expresando que la devoción a la Virgen debe traducirse en el servicio, la solidaridad y la atención a quienes sufren.

En la actualidad, la Pontificia, Real, Venerable e Ilustre Hermandad Franciscana y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada continúa desarrollando su vida religiosa en la iglesia conventual del Santo Ángel. Sus cultos, su labor formativa y asistencial y su estación de penitencia del Miércoles Santo mantienen vivo el legado recibido de sus fundadores. Desde la plaza de Capuchinos, la Hermandad sigue anunciando a Córdoba el mensaje contenido en las advocaciones de sus titulares: la humildad y la paciencia de Cristo y la paz y la esperanza representadas por su Madre.

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